En este momento estoy en paro forzoso, después de años como teleoperadora. ahora no encuentro trabajo, las cosas andan mal incluso en este sector, que yo creía tan boyante, pues a descansar una temporadita, me aburro y como me aburro me ha dado por escribir, bueno en realidad esto de escribir lo llevo en la sangre desde siempre, que yo recuerde, solo me ataca la acuciante necesidad de escribir cuando descanso, del metro, las supervisoras y los clientes, que siempre llevan razón y es cierto siempre o casi siempre, (este casi es, pura anécdota) la llevan, claro que la política de empresa es siempre retorcer la conversación telefónica, hacer oídos sordos no prestar atención, solo la justa para poder responder con tino y no ablandarse, nunca ceder ni un centímetro del terreno conquistado, contraatacar con gracia felina, aguantar los golpes y salir victoriosas, de modo que aunque lleve la razón , que no lo parezca en absoluto y no entiendo el porque de esa norma, ya que el cliente que no suele ser tonto no traga, ¡ menos mal! ¿y no seria mas fácil reconocérselo que tienen razón? pedir disculpas y quedar bien con el cliente agradecido y pacificado, y ya esta, pero eso no ocurre por que la pela es la pela y se acabo, ¿y quien se come los marrones?, ¿quien aguanta gritos insultos e improperios? ah no al jefe ni lo conocemos, el supervisor ha dado ordenes, muy claras y concisas de que nunca jamás le pasemos un cliente por mas que estos lo supliquen, exijan o se pongan como energúmenos, lidiar con cada llamada podría parecer fácil, eso nos dicen desde la pecera, lugar acristalado donde por lo común se nos da algún que otro rapapolvo o charla constructiva y como no la famosa sonrisa telefónica, no lo toméis como algo personal nos dicen y jamás colguéis a un cliente, es igual si se mete con vosotros o la compañía, a vosotros tiene que resbalaros jajjajaja… pero que va nos cala hasta los huesos, nos altera y al final del día , nos crea problemas psicológicos, síndromes- post- traumáticos y estrés no es sano andar retorciéndolo todo, durante ocho horas al día, somos como viles vendedores de feria pero sin convicción ni vocación, cosa harto normal ya que con lo que cobramos…. Continuara.